A lo largo de los siglos ha habido una poesía que elogia la guerra, la batalla, en una palabra, la excitación, una actitud que convierte el peligro en riesgo que se desea afrontar. Una conocida ley –Yerkes-Dobson– nos advierte que un estado de alerta biológica, arousal, intranquilidad, aumenta los resultados de muchas personas, y disminuye los de otras tantas.