Que me arrastraría por una pierna hasta apartarme a un lado para no interrumpir las vidas de las otras personas, de las normales, las que vivían sin ese dolor que aprieta la nariz y tapa la boca y te escupe en los ojos y que se te sube a los hombros para que no puedas más, para que, de verdad, no puedas ni un poquito más.