“El Dios de los cristianos es Señor de todo lo creado, y yo, a pesar de todo mi dominio, estoy sujeto a sus mandamientos, no pudiendo atentar contra quien haga uso del signo de la cruz. De esto se vale Justina para evitar mis tentaciones”.
—“Pues siendo así —dijo Cipriano—, desde ahora mismo reniego de ti y me hago discípulo de Cristo”.