Es como si conociera a Lola de toda la vida. Podemos platicar durante horas de las cosas que nos interesan, pero también estar calladas, mirando la lluvia, sin que el silencio se vuelva incómodo. Supongo que es así de sencillo porque nos parecemos mucho: ambas somos curiosas, nos gusta soñar despiertas y tenemos una pinta, digamos, peculiar. Eso último, sobre todo, es lo que nos une; sé que nadie nos pondría en una lista de las plantas más lindas, pero no pasa nada. Antes me sentía triste por tener un aspecto extraño, pero ahora estoy en paz, las mejores cosas del mundo son siempre un poco raras