ne menos a las decepciones que la segunda. Desgraciadamente para Dick, si había algo que él no perseguía era la sabiduría. Todo lo que el taoísmo –cuyo marco de referencia es el I Ching– nos enseña sobre los beneficios de la docilidad, la paciencia y el abandono, y en general todo conocimiento de la vida basado en la experiencia y la ascesis, era papel mojado para él. En esto era profundamente esoterista: como creía en la existencia de un secreto que lo visible ocultaba, no imaginaba que la vida pudiera revelárselo poco a poco, sino que correspondía al intelecto conquistarlo con la fuerza. De la cultura, el psicoanálisis o la religión no esperaba una formación, sino que le revelaran la fórmula que nos permite evadirnos de la caverna donde, según Platón, solo se nos deja ver las sombras del mundo real.