Una característica de la acción humana es que siempre comienza algo nuevo, pero esto no significa que le esté permitido alguna vez empezar ab ovo o crear ex nihilo. Para dejar sitio a la acción propia, algo que había antes debe ser quitado o destruido; se ha de cambiar el orden previo de las cosas. Este cambio sería imposible si no pudiéramos desplazarnos mentalmente del lugar físico donde nos encontramos para imaginarnos que las cosas podrían también ser diferentes de lo que en realidad son. En otras palabras, la habilidad de mentir, la negación deliberada de la verdad fehaciente y la capacidad de cambiar la realidad, la habilidad de actuar, están interrelacionadas; ambas deben su propia existencia a la misma fuente: la imaginación