soñaba yo con hacer el retrato de esa enamorada clandestina que vendría a visitarme, y trazaba en el lienzo los menores detalles de su cuerpo y vestido: el brillo del satén, los botines encarnados, los guantes blancos, los dedos largos, la transparencia marfil del velo sobre los cabellos negros, las sombras y texturas de la falda y encajes, la cintura estrecha. Como siempre me faltaron los rasgos de la