Los humanos no vemos el mundo como una cámara que captura una imagen completa, sino que nuestro cerebro recibe una amplia variedad de información —formas, bordes, diferencias en intensidad y color— a partir de los sensores de nuestros ojos, y organiza esos elementos para generar una construcción artificial que interpretamos que es la visión del mundo. Entonces, podemos imaginar que un murciélago tiene, gracias a la ecolocalización, una “visión” amplia del mundo, construida de un modo similar.
¿Ciegos? Nada más alejado de la realidad.