sé que estoy un poco loco y que nunca supe entender el periodismo sin explosiones de dopamina. Pero si no visitara esos sitios, sino que viviera en ellos, solo me deprimirían.
«El mejor oficio del mundo», dijo García Márquez. «No jodás», le respondería con muchísima admiración.
El mejor oficio del mundo será otra cosa: un ebanista renombrado, un cocinero célebre, un mecánico televisado, un malabarista de fama mundial, un actor porno sin traumas, un autor de guías turísticas, un peleador sin contusión cerebral, un catador de marihuana.
Creo que ser periodista no es el mejor oficio del mundo. Eso es ya un eslogan. No lo repitan, cuestiónenlo.