Tres, dos, uno.
Entonces, todo se detuvo.
No hubo explosiones. No hubo bombas, ni heridos, ni destrucción. En aquel momento, solo éramos Eleonor y yo. Eleonor, con sus bromas; yo, con mi mal humor. Eleonor, con su sonrisa; yo, con mis gruñidos. Eleonor, con sus miradas extrañas, raras, divertidas, reparadoras. Eleonor intentando ayudarme; yo sin dejarme ayudar. Eleonor desesperada, aunque reacia a rendirse. Eleonor junto a mí, acompañándome.
A pesar de todo, contra todo. Siempre.