u ausencia.
Los tests presuponen un considerable bagaje de conocimientos típicamente escolares. Quien no sepa qué es un número primo o no sea capaz de diferenciar un palimpsesto de un palíndromo, no tiene nada que hacer. Si no quiere fracasar, el examinando debe conocer los nombres de todos los planetas y mostrarse seguro en la enumeración de las capitales. También las marcas de automóvil forman parte de la mínima formación necesaria para conseguir el aprobado, así como una larga lista de célebres poetas, compositores, pintores, estrellas de cine y generales. La relación que todo ello pueda guardar con la inteligencia es uno de esos secretos del autor que su obra no desvela.