mira la casa desde lejos. Las luces del interior encendidas y todos esos ventanales, parece un escenario. Se saca los anteojos para la miopía: ahora solo ve luces aguadas. Vuelve a ponérselos. Ramiro sigue sentado en el centro con la cara iluminada por la pantalla. La imagen le parece perfecta, una casa simple y brutal, con un hombre hermoso, bueno, un poco trastornado, pero inteligente y con buenas intenciones frente a su computadora, creando algo. El fuego encendido. La hace sentir que todo está bien, ninguna pareja es perfecta. Después entra y se acuerda de todo lo invisible que es para él.