Imagino un libro en el que haya un poco de cada clase y de cada género. Desde el monólogo, y pasando por el diálogo socrático y la epopeya del hexámetro, hasta el cuento, el tratado y la lista. Desde la Alta Antigüedad hasta las instrucciones para los mataderos. Todo puede caber y ser transportado en un libro así.
Tiene que escribir, escribir, escribir, anotar y guardar, tiene que ser como el arca de Noé, en ella habrá todo tipo de criaturas, pequeñas y grandes, puras e impuras, recogerá de cada especie y de cada historia. Los géneros puros no me interesan mucho; no hay raza aria en la novela, solía decir Gaustín.
Tengo que escribir, escribir, escribir, anotar y guardar, tengo que ser como el arca de Noé; no yo, sino este libro. Solo el libro es eterno, solo su lomo flotará sobre las olas, solo sobrevivirán las criaturas que vivan en su interior, entre las páginas donde pulula la vida. Y cuando vean tierra nueva, serán fecundos y se multiplicarán.
Y lo que está escrito se llenará de sangre y cobrará vida en toda su perfección. Y «el león» se convertirá en león, «el caballo» relinchará como caballo, «la corneja» echará a volar desde la hoja con un graznido feo…
Y el Minotauro saldrá a la luz del día.