Nadie tiene la muerte presente, nadie deja de concebir proyectos a largo plazo. No falta quien incluso hace preparativos para el más allá: mausoleos, obras públicas que llevan su nombre, espectáculos de gladiadores, suntuosas procesiones funerales. Sin embargo, te juro por Hércules que su vida ha sido tan breve que habría que enterrarlos a la luz de una antorcha, como se entierra a los niños.