La protagonista de esta novela es una mujer de mediana edad llamada Lorna. Su apellido, sin embargo, varía: a veces es Baker, otras Mason, otras Inglefield. Su vida también es sumamente variable: puede ser una mujer abandonada, una que acaba de descubrir que su marido es bígamo, otra que es la nieta arruinada de una gran duquesa rusa. Todas estas histo-rias son inventos pero en principio fueron motivados por una buena y au-téntica causa: la mayor de sus dos hijas había caído enferma y, sin recur-sos para pagar el tratamiento médico, buscó personas ricas que se compa-decieran de ella y la ayudaran económicamente. Pero, una vez curada la hija enferma, se admira de sus habilidades persuasivas y sigue visitando –con sus propias hijas, para conmover más— a posibles benefactores a los que casi siempre consigue sacarles dinero. Este modo de vida la obliga a mudarse a menudo de domicilio para no despertar sospechas y es, en efec-to, muy peligroso. Tanto que un día un capitán del ejército a quien su no-via, una de las benefactoras, ha abandonado por reírse de ella por su cre-dulidad decide seguirle la pista y desenmascararla. La mujer de la entrada (1939) de G. B. Stern es una gran tragicomedia sobre la compasión y las identidades oscuras que aún hoy sorprende por su ingenio y causticidad.