Era el muchacho de diecinueve años más bajito que Mark había visto en su vida, pero fuerte como un roble y puro músculo. Por alguna razón, su baja estatura hacía que los otros lo molestaran constantemente, pese a que todos sabían bien que, si realmente quería, podía darles una buena paliza. Pero al Sapo le gustaba ser el centro de atención, y a Darnell ser tonto y fastidioso.