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Rafael Bernal

Trópico

Rafael Bernal desconcierta y abruma, sorprende, fascina e intimida; levanta ampollas ideológicas e irrita a los afligidos por la ansiedad clasificatoria.¿Dónde colocarlo? ¿Cuál es su nicho en el camposanto de las letras mexicanas?
Muchos quisieron darle sepultura lejos de los altos mausoleos, algunos incluso lo habrían condenado al olvido, mas el viejo fantasma se resiste a los entierros y las amnesias. ¿Qué hacer entonces con aquel católico empedernido, reaccionario intermitente, moralista categórico y altivo censor de las miserias nacionales desde remotas tierras? ¿Cómo lidiar el toro de un eclecticismo frenético que vagaba por los caminos de la narrativa, el cine y el teatro, que no se arredraba ante el poema político, el indigenismo telúrico, la biografía inorgánica o el ensayo ficticio. La tentación, por supuesto, era consagrarlo como nuncio apostólico de la novela negra latinoamericana, complot mongol mediante.
De Rafael Bernal, sin embargo, podría afirmarse lo que dijo de sí mismo el formidable Voltaire, que también tocó todas las teclas con resultados desiguales: «Soy grande en los géneros pequeños». Pues bien, en el género breve Bernal fue inmenso, y dentro de esa inmensidad brillan con luz propia los seis cuentos que forman este volumen. «Trópico» despliega con asombroso vigor todos los destellos de una prosa exacta y una perspicacia sutil. Hay dos escenarios, el interior y la costa de Chiapas, que encarnan alegóricamente la pureza serrana y la corrupción cenagosa, el vicio y la virtud.
Atrapados en esa dualidad fatídica, los individuos se alzan o derrumban frente al mal. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. Más allá de las cegueras dogmáticas, ha llegado la hora de asignarle a Bernal el lugar que en justicia le corresponde entre los más ilustres del caprichoso panteón literario mexicano. Estas páginas lo muestran y lo demuestran.
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Orijinal yayın
2017
Sanatçı
Raquel Cané

İzlenimler

    Mario Ivan Sanchez juarezbir izlenim paylaşıldı2 yıl önce
    👍Okumaya değer

    A medida que uno avanza de cuento en cuento, pareciera que Bernal te adentra en distintas atmósferas que en conjunto recrean ese Chiapas con su costa, la serranía y su esencia a té limón todo esto acompañado de esos climas tan diversos del trópico, desde la selva húmeda hasta la sierra fría templada.
    Imaginar los escenarios que describe Bernal , resulta una increíble experiencia.

Alıntılar

    Mario Ivan Sanchez juarezalıntı yaptı2 yıl önce
    La mujer era una india tehuana, sin duda: una india joven y bonita que, con un machete, cortaba las duras raíces del mangle para meter allí la canoa mientras Filadelfo se detenía.
    Mario Ivan Sanchez juarezalıntı yaptı2 yıl önce
    PREÁMBULO

    Arenales de Tonalá, esteros de Mapastepec, pampas del Quexexapa y del Zacualpa sucio, lagunas de Zacapulco —criadoras de garzas—, montañas de Huehuetán, cacaotales del Soconusco, Suchiate manchado de sangre.

    Es la costa de Chiapas, reclinada en la sierra limpia y bañada por el Pacífico majestuoso.

    Arriba, los cafetales sombríos y olorosos, los caminos bordeados de tulipanes y té limón, los ríos limpios como venados entre las piedras.

    Abajo, las aguas de los esteros se pudren inútilmente y la selva engendra la maldad en el corazón de los hombres. Abajo está la muerte entre los lodazales, están el oro fácil, el aguardiente y la sangre. Siempre la sangre.

    Abajo reina la codicia. Ella mueve a los hombres, ella es la reina de la costa, destructora de impulsos. Porque en la selva húmeda no ha entrado la palabra de Dios ni el nombre de Cristo; y en los esteros y las pampas los hombres han arrojado a Dios de sus corazones para entregarse a la codicia, engendradora de males.

    ¡Costa de Chiapas! ¡Costa sin Dios y sin Cristo! Fértil esperanza de un mañana mejor.
    Mario Ivan Sanchez juarezalıntı yaptı2 yıl önce
    juzgar por la descripción cruda y desesperanzada de la realidad chiapaneca, podría decirse que Rafael Bernal fue a Chiapas como Joseph Conrad (o Charles Marlow) fue al Congo. No son pocas las similitudes entre El corazón de las tinieblas y Trópico. Ambos textos narran un descenso a los infiernos a la manera de Dante, a un horror del que los personajes no pueden escapar porque están sujetos a leyes atávicas que los sobrepasan y contra las que apenas se atreven a pelear porque saben de antemano que esa lucha está condenada a la derrota. La explotación del hombre por el hombre, representada en la novela de Conrad por el colonialismo europeo, tiene su equivalente en los cuentos de Bernal, donde el mal está encarnado en las figuras del cacique chino y los finqueros alemanes (los dueños de los cafetales del Socunusco, presentes en la zona desde el porfiriato).

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