es

Salvador Novo

Alıntılar

Ivana Melgozaalıntı yaptı2 yıl önce
tendremos envidiosas

las tórtolas mimosas,

pues viéndonos de gloria y gusto ricos

imitarán los labios con los picos;

aprenderemos dellas

soledad y querellas,
Ivana Melgozaalıntı yaptı2 yıl önce
Federico Gamboa, dio en la Librería General de la ciudad de México una conferencia sobre la novela mexicana, y en ella habló de Inclán y de su novela “de larguísimo título”. Aunque le pareció “cansada y difusa”, la halló serlo menos que El Periquillo, y haciendo a un lado, o dando por descontado, su interés lexicológico, reparó en su vívido y esencial mexicanismo: en su alarde

de un localismo agresivo y soberano, que ensancha hasta lo trascendental y realza hasta la hermosura sus cualidades y primores. Por sus páginas, congestionadas de colorido y de la cruda luz de nuestro sol indígena, palpita la vida nuestra, nuestras cosas y nuestras gentes; el amo y el peón, el pulcro y el bárbaro, el educado y el instintivo; se vislumbra el gran cuadro nacional, el que nos pertenece e idolatramos; el que contemplaron nuestros padres y, Dios mediante, contemplarán nuestros hijos; el que nosotros hemos visto desde la cuna, el que vemos hoy, el que quizá seguiremos viendo de más allá de la tumba y de la muerte… los personajes que por entre sus renglones discurren no pueden sernos más allegados, hablan y piensan y obran a la par nuestra… sus moradas nos son simpáticas, y los caminos que andan y los pueblos que habitan; palpamos que son nuestros hermanos, nosotros mismos, tal vez, que sin previa licencia, de letras de molde nos pergeñaron…
Ivana Melgozaalıntı yaptı2 yıl önce
Los charros, hijos de insurgentes, no podían sino intuirlo, insurgir a su modo, lanzar un nuevo grito de independencia cuyas notas más puras volverían a escucharse muchas veces —sordas, amorfas, intuitivas— en la rebeldía intermitente de los campesinos que en nuestro siglo siguieran aspirando al ideal modesto de disfrutar en paz de sus tierras y del fruto de su trabajo.

Los personajes de Inclán ignoran hasta el nombre de los encumbrados políticos que allá, en la ciudad de la Bulli-Bulli, rigen y aderezan el mundo irreal y lamentable de sus papeles, sus discusiones, sus intrigas, Inclán los conoce, pero no desciende a nombrarlos. Sabe cuán fútil, transitoria, postiza, efímera, es su contribución a la que él tiene —en su experiencia— por verdadera y propia felicidad de los mexicanos.
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