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Salvador Novo

Los paseos de la ciudad de México

De los seis sitios por donde han paseado para su solaz los habitantes de México, se ocupa aquí Salvador Novo, quien se deja guiar por la iconografía de Diego Rivera para detallar los tránsitos de la Alameda, se sumerge en el tráfago de la Plaza Mayor y retrata la capital novohispana en el Paseo de Bucareli. De las acalli y las trajineras nos lleva al Paseo de la Viga y al primer fruto del romance imperial: el que será el Paseo de la Reforma, para terminar su recorrido en el Bosque del cerro que los toltecas llamaron Chapulín.
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Orijinal yayın
2012

İzlenimler

    juanjosemartinandresbir izlenim paylaşıldıgeçen yıl
    👍Okumaya değer

Alıntılar

    Nataliaalıntı yaptı4 ay önce
    donde tanto tiempo se celebraron los sorteos de la lotería, y cargaba con él para ir a trasplantarlo en esa especie de remota sucursal de la verdadera, que era la reciente Alameda de Santa María la Ribera.
    Nataliaalıntı yaptı4 ay önce
    El absurdo y la negación del paseo: la abdicación de sus placeres: la renuncia a embonar paso a paso nuestros ritmos internos —circulación, respiración— en los pausados ritmos universales que nos rodean, arrullan, mecen, uncen, sobreviene cuando a bordo de un automóvil nos lanzamos con velocidad insensata a simplemente anular distancias, mudar de sitio, «tragar leguas»; caer —como del cielo al aterrizar los aviones— en una ciudad o país
    juanjosemartinandresalıntı yaptıgeçen yıl
    Id a disfrutar de estas hermosas puestas de sol en la Reforma, o id de mañana, cuando el calor no habla aún en voz alta. En la mañana, los alemanes, los franceses, los yankees, son los que más frecuentan la calzada. Allá va el comerciante en su caballo, haciendo provisión de oxígeno para no asfixiarse en la oscuridad del almacén. Allá va el diplomático en su faetón o en su buggy de ruedas coloradas. Allá va la amazona con su largo vestido gris o negro y su lazo de seda azul en el sombrero […] El noble perro de casa rica, con su collar y su cadena de luciente acero […] las que vuelven de la alberca, frescas, risueñas, con el pelo suelto […] La miss recién llegada, con su enorme ramo de botones de rosa sobre el pecho […] Un viejo inglés leyendo en una banca su periódico […] Y en medio de la calzada, el carro que lleva un gran barril acostado, porque se bebió a sí mismo y está ebrio, dando un baño de regadera a la reseca tierra.

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