La nariz, Nicolai Vasilievich Gogol
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Nicolai Vasilievich Gogol

La nariz

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Trata de un hombre que se levanta un día y advierte que ha perdido su nariz. Más tarde se la encuentra por la calle y descubre que ésta ha desarrollado su propia vida social y que incluso ha alcanzado un estatus más alto que el suyo.
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İzlenimler

Gabriel Ramírez
Gabriel Ramírezbir izlenim paylaşıldıgeçen yıl

Muy buen cuento para iniciarse en los clásicos rusos.

Sebastian Ontiveros
Sebastian Ontiverosbir izlenim paylaşıldı12 gün önce
👍Okumaya değer

Aprendí a querer mi nariz; porque cuando menos te lo esperas, es un alto mando gubernamental.

Raziel Beristain
Raziel Beristainbir izlenim paylaşıldı12 gün önce

lo que pasó fue que nunca extraña su nariz es más creo que su momento no le tenía el más mínimo interés por dicha parte del cuerpo, más bien es el duro golpe al orgullo humano de que un ente pudo superar a su dueño de una forma tan terrible y dentro de las mismas ambiciones, que motivó al despota burocrata un torbellino de sentimientos poco agradables y confusos

Alıntılar

Jovani González Hernández
Jovani González Hernándezalıntı yaptıdün
he de decirle que soy mayor y eso de andar por ahí sin nariz, como usted comprenderá, es indecoroso. Sin nariz podría pasar cualquiera de esas vendedoras de naranjas peladas del puente de Voskresenski;

Un poco el clasismo de la aristocracia rusa, de la que Gogol, mediante Kovaliov, se burla.

Raziel Beristain
Raziel Beristainalıntı yaptı13 gün önce
I
En marzo, el día 25, sucedió en San Petersburgo un hecho de lo más insólito. El barbero Iván Yákovlevich, domiciliado en la Avenida Voznesenski (su apellido no ha llegado hasta nosotros y ni siquiera figura en el rótulo de la barbería, donde sólo aparece un caballero con la cara enjabonada y el aviso de «También se hacen sangrías»), el barbero Iván Yákovlevich se despertó bastante temprano y notó que olía a pan caliente. Al incorporarse un poco en el lecho vio que su esposa, señora muy respetable y gran amante del café, estaba sacando del horno unos panecillos recién cocidos.

-Hoy no tomaré café, Praskovia Osipovna -anunció Iván Yákovlevich-. Lo que sí me apetece es un panecillo caliente con cebolla.

(La verdad es que a Iván Yákovlevich le apetecían ambas cosas, pero sabía que era totalmente imposible pedir las dos a la vez
Eunice Banderas
Eunice Banderasalıntı yaptıgeçen ay
El mayor estuvo a punto de soltar la risa de alegría.
Pero no hay nada eterno en el mundo. Por eso, la alegría del primer instante no es ya tan viva a los dos minutos, al tercero se debilita más aún y al fin se diluye inadvertidamente con el estado de ánimo habitual, lo mismo que el círculo formado en el agua por la caída de una piedra acaba diluyéndose en la superficie lisa

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